Y es indescriptible.
Me siento delante del teclado y me dejo llevar.
Porque me gustaría hacerlo en la vida real.
Ir andando juntos por la calle y que nuestras manos no solo se rocen, sino que se junten.
Que cuando me miras no disimule y viceversa.
Sonreír y sentirlo en el pecho.
Despedirnos con un beso.
Darnos las buenas noches.
Decirnos te quiero.
Decir que eres mío.
Juntar mi voz con la tuya.
Crear versos mágicos.
Enamorar a la gente al pasar.
Y volver a mirarte.
Dejarme llevar.
Y es indescriptible.
Eso y mucho más.
En esos momentos en los que no puedes decir nada. En los que no te salen las palabras. Escríbelo. Deja que las palabras salgan de tus dedos. Déjate llevar. Y compártelo conmigo. Yo también compartiré mis palabras. Contigo. Con vosotros. Con los que me quieran leer.
jueves, 27 de marzo de 2014
domingo, 23 de marzo de 2014
Y es como una montaña rusa.
Sube, sientes miedo.
Llega a la cima, lo ves llegar.
Baja, y la adrenalina cubre todo tu cuerpo.
Y cuando te bajas de la cabina bajas asustada, feliz y con mareos.
Esa es mi montaña rusa. La que me gusta. La que me hace sentir viva.
Porque la vida son pequeños momentos que se viven mientras esperamos los grandes acontecimientos.
Porque hay vida en las tinieblas y en la luz.
Porque
Mejor no digo por qué estoy así.
Me lo guardo para mí.
Sube, sientes miedo.
Llega a la cima, lo ves llegar.
Baja, y la adrenalina cubre todo tu cuerpo.
Y cuando te bajas de la cabina bajas asustada, feliz y con mareos.
Esa es mi montaña rusa. La que me gusta. La que me hace sentir viva.
Porque la vida son pequeños momentos que se viven mientras esperamos los grandes acontecimientos.
Porque hay vida en las tinieblas y en la luz.
Porque
Mejor no digo por qué estoy así.
Me lo guardo para mí.
viernes, 13 de diciembre de 2013
Go on.
A veces, ves sufrir a la gente y puedes ayudarlas.
Otras, es imposible.
Ver cómo desaparece el brillo de los ojos de alguien y que cuando recibe esa llamada nocturna se le llenen los ojos de lágrimas y se le quiebre la voz me mata.
Me mata cuando se encierra en su habitación a hablar con él.
Me mata cuando sale de ella con una sonrisa y los ojos rojos.
Me mata tener que comerme sus enfados porque le echa de menos.
Me mata que él me llame desde allí para decirme que cuide de ella y que no le diga nada a mi hermano.
Me mata sentirme como hace trece años...
Pero, siempre sonrío.
Porque eso les da aliento.
Eso y el amor que se tienen mis padres.
Y es difícil.
Lo sé.
Lo saben.
Pero seguimos adelante.
Como antes de que él ocupara el puesto de padre en mi vida.
Otras, es imposible.
Ver cómo desaparece el brillo de los ojos de alguien y que cuando recibe esa llamada nocturna se le llenen los ojos de lágrimas y se le quiebre la voz me mata.
Me mata cuando se encierra en su habitación a hablar con él.
Me mata cuando sale de ella con una sonrisa y los ojos rojos.
Me mata tener que comerme sus enfados porque le echa de menos.
Me mata que él me llame desde allí para decirme que cuide de ella y que no le diga nada a mi hermano.
Me mata sentirme como hace trece años...
Pero, siempre sonrío.
Porque eso les da aliento.
Eso y el amor que se tienen mis padres.
Y es difícil.
Lo sé.
Lo saben.
Pero seguimos adelante.
Como antes de que él ocupara el puesto de padre en mi vida.
jueves, 12 de diciembre de 2013
Y todo vuelve a empezar.
Y todo vuelve a empezar.
Los temores están siempre ahí.
A veces vuelven.
A veces se van para siempre.
A veces se esconden y siempre han estado ahí.
Y si vuelven todo es caos.
Y te cuesta respirar.
Y tienes miedo.
Y silencio.
Nada suena.
Ni un murmullo.
Ni un mínimo susurro.
Nada.
Y el peso en tu pecho aumenta y se queda ahí.
Y cuesta respirar.
Cuesta respirar más de lo normal.
Y las lágrimas llegan.
Y el no dormir las acompaña.
Y el silencio queda roto por ellas.
Pero, de repente, llega el sueño.
Y duermes.
Y descansas por primera vez en mucho tiempo.
Y a la mañana siguiente vuelves a sonreír.
A veces de verdad.
Otras de mentira.
Pero el miedo sigue ahí.
Y el silencio llega de nuevo cuando no puedes aguantar más la sonrisa.
Y todo vuelve a empezar.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Primeras palabras.
El sonido de la cafetera.
El aroma a café recién hecho.
El ronroneo del exprimidor.
El chisporroteo de las tortitas haciéndose en la sartén.
El olor de los huevos y el bacon tostado.
La brisa del mar entrando por la ventana.
La suavidad de las sábanas.
Y de repente, silencio.
Sentir una mano acariciándote el pelo.
Susurros de palabras cariñosas y suaves.
Abrir los ojos.
Ver el pelo negro.
Los ojos verdes.
Los suaves labios.
Rozarlos con la yema de los dedos.
Sonreír.
Que te devuelvan la sonrisa.
Que te digan buenos días.
Responder con un beso.
Acariciar esa mejilla con barba de tres días.
Tocar mis labios.
Tocar mi pecho.
Y apoyar la mano sobre su corazón.
Y después de mucho tiempo sin hacerlo, un tímido sonido sale de mí:
"Te quiero"
El aroma a café recién hecho.
El ronroneo del exprimidor.
El chisporroteo de las tortitas haciéndose en la sartén.
El olor de los huevos y el bacon tostado.
La brisa del mar entrando por la ventana.
La suavidad de las sábanas.
Y de repente, silencio.
Sentir una mano acariciándote el pelo.
Susurros de palabras cariñosas y suaves.
Abrir los ojos.
Ver el pelo negro.
Los ojos verdes.
Los suaves labios.
Rozarlos con la yema de los dedos.
Sonreír.
Que te devuelvan la sonrisa.
Que te digan buenos días.
Responder con un beso.
Acariciar esa mejilla con barba de tres días.
Tocar mis labios.
Tocar mi pecho.
Y apoyar la mano sobre su corazón.
Y después de mucho tiempo sin hacerlo, un tímido sonido sale de mí:
"Te quiero"
martes, 14 de mayo de 2013
Magnetismo (I)
<<El magnetismo es un fenómeno físico por el que los objetos ejercen fuerzas de atracción o repulsión sobre otros materiales. Hay algunos materiales conocidos que han presentado propiedades magnéticas detectables fácilmente como el níquel, hierro, cobalto y sus aleaciones que comúnmente se llaman imanes. Sin embargo todos los materiales son influidos, de mayor o menor forma, por la presencia de un campo magnético.>>
Me llamo Melissa Lewis. Tengo 17 años. Y el magnetismo existe no solo en piedras, sino también con las personas.
Todo empezó con la llegada de un nuevo curso. Último año, última clase. Pero como siempre, la primera en todo. Y, para no cambiar la costumbre, sentada en clase diez minutos antes de que empiece.
Dejo divagar mi mente tranquilamente, pensando en las cosas que tengo que comprar para la cena cuando, de repente y en tromba, entran mis compañeros a clase armando follón. Una de esas personas es Clary, la cual siempre ha estado a mi lado y sabe todo sobre mí.
-Hola Mel! Qué tal?
-Hola Clary, ya sabes, como todas las mañanas.
-Tu madre te ha dado muchos problemas hoy?
-Nada que no pueda solucionar colgando el teléfono, ya sabes.- Le contesté quitando importancia al asunto - Y tú, qué tal estás?
Y así nos fuimos sumergiendo en una espiral de conversaciones triviales pero agradables.
A la hora de siempre, entró el profesor Smith para dar la clase de física. Y, como siempre, quince minutos más tarde entró Leo Young. El más popular, el más rico y el más <<divertido>>. El último de la clase y mi compañero de pupitre.
-Buenos días, nena. - Me saludó guiñándome un ojo.
-Buenos días, Leonard. -Le dije a la vez que giraba mi cara y lo ignoraba,
Y como siempre, un año más se volvía rutina. Él a mi lado y yo al suyo. Él escuchando música y riendo con sus amigos y yo atendiendo a clase y hablando con Clary. Así todos los días. Todos los cursos. Él por su parte y yo por la mía. Hasta que un día, cinco palabras cambiaron esa monotonía:
-Leonard Young y Melissa Lewis.
-Cómo? - Pregunté yo a la vez que él lo gritaba.
-Perdone señor Smith, pero creo que se ha equivocado. No me puede pedir que mi compañero del proyecto de todo el curso sea él.
-Lo mismo digo, -dijo Leo- me niego a pasar horas extraescolares con esta.
-No, no ha sido un error. Siguiente pareja, Clarissa Green y Michael Grey...
De repente nos giramos a la vez y nos miramos el uno al otro fastidiados, asqueados y con desprecio.
-A ver,estirada, me niego a ir a tu casa para hacer el trabajo. Vendrás tú a la mía.
-Lo que sea Leo, siempre y cuando me dejes trabajar tranquila.
-Eso siempre, vas a hacer tú el trabajo...
-Ya me lo suponía.
-Te recojo en la entrada a las 5 y te llevo hasta mi casa. Paso de que te pierdas y no podamos entregar los informes a tiempo.
-Lo que tú digas, Leo.
Y así se terminó el día. No le volví a dirigir la palabra a Leo y no toqué el tema con Clary. Al llegar a casa, un sentimiento de alivio me recorrió el cuerpo. Leo se había ofrecido a dejar su casa para hacer el trabajo. No tendría que venir a mi casa... donde vivo sola sin que nadie lo sepa. Y nadie lo sabrá, me aseguraré de ello.
Cerca de las cinco me acerco al instituto y media hora más tarde de lo acordado, llega Leo en su flamante moto, su chaqueta de cuero y sus Ray-Ban.
-Quieres que suba a este cacharro?
-Eh, sin faltar al respeto por favor. Y sube a no ser que quieras ir andando hasta el otro lado de la ciudad.
-De acuerdo... Donde me agarro?
-Pues a mi idiota! A dónde sino?
Y así, con cuidado, pasé mi piernas entre la moto. Y con más cuidado aún si cabe, pasé mis brazos alrededor de Leo y me aferré a él por miedo a caer de la moto.
-Aprovecha, muchas chicas no tienen este privilegio. - dijo a la vez que se reía y aceleraba.
Y la verdad, es que su risa, su olor y el del cuero, junto con el sonido del motor y del viento, eran una sensación nueva, flamante y maravillosamente agradable para mí.
Me llamo Melissa Lewis. Tengo 17 años. Y el magnetismo existe no solo en piedras, sino también con las personas.
Todo empezó con la llegada de un nuevo curso. Último año, última clase. Pero como siempre, la primera en todo. Y, para no cambiar la costumbre, sentada en clase diez minutos antes de que empiece.
Dejo divagar mi mente tranquilamente, pensando en las cosas que tengo que comprar para la cena cuando, de repente y en tromba, entran mis compañeros a clase armando follón. Una de esas personas es Clary, la cual siempre ha estado a mi lado y sabe todo sobre mí.
-Hola Mel! Qué tal?
-Hola Clary, ya sabes, como todas las mañanas.
-Tu madre te ha dado muchos problemas hoy?
-Nada que no pueda solucionar colgando el teléfono, ya sabes.- Le contesté quitando importancia al asunto - Y tú, qué tal estás?
Y así nos fuimos sumergiendo en una espiral de conversaciones triviales pero agradables.
A la hora de siempre, entró el profesor Smith para dar la clase de física. Y, como siempre, quince minutos más tarde entró Leo Young. El más popular, el más rico y el más <<divertido>>. El último de la clase y mi compañero de pupitre.
-Buenos días, nena. - Me saludó guiñándome un ojo.
-Buenos días, Leonard. -Le dije a la vez que giraba mi cara y lo ignoraba,
Y como siempre, un año más se volvía rutina. Él a mi lado y yo al suyo. Él escuchando música y riendo con sus amigos y yo atendiendo a clase y hablando con Clary. Así todos los días. Todos los cursos. Él por su parte y yo por la mía. Hasta que un día, cinco palabras cambiaron esa monotonía:
-Leonard Young y Melissa Lewis.
-Cómo? - Pregunté yo a la vez que él lo gritaba.
-Perdone señor Smith, pero creo que se ha equivocado. No me puede pedir que mi compañero del proyecto de todo el curso sea él.
-Lo mismo digo, -dijo Leo- me niego a pasar horas extraescolares con esta.
-No, no ha sido un error. Siguiente pareja, Clarissa Green y Michael Grey...
De repente nos giramos a la vez y nos miramos el uno al otro fastidiados, asqueados y con desprecio.
-A ver,estirada, me niego a ir a tu casa para hacer el trabajo. Vendrás tú a la mía.
-Lo que sea Leo, siempre y cuando me dejes trabajar tranquila.
-Eso siempre, vas a hacer tú el trabajo...
-Ya me lo suponía.
-Te recojo en la entrada a las 5 y te llevo hasta mi casa. Paso de que te pierdas y no podamos entregar los informes a tiempo.
-Lo que tú digas, Leo.
Y así se terminó el día. No le volví a dirigir la palabra a Leo y no toqué el tema con Clary. Al llegar a casa, un sentimiento de alivio me recorrió el cuerpo. Leo se había ofrecido a dejar su casa para hacer el trabajo. No tendría que venir a mi casa... donde vivo sola sin que nadie lo sepa. Y nadie lo sabrá, me aseguraré de ello.
Cerca de las cinco me acerco al instituto y media hora más tarde de lo acordado, llega Leo en su flamante moto, su chaqueta de cuero y sus Ray-Ban.
-Quieres que suba a este cacharro?
-Eh, sin faltar al respeto por favor. Y sube a no ser que quieras ir andando hasta el otro lado de la ciudad.
-De acuerdo... Donde me agarro?
-Pues a mi idiota! A dónde sino?
Y así, con cuidado, pasé mi piernas entre la moto. Y con más cuidado aún si cabe, pasé mis brazos alrededor de Leo y me aferré a él por miedo a caer de la moto.
-Aprovecha, muchas chicas no tienen este privilegio. - dijo a la vez que se reía y aceleraba.
Y la verdad, es que su risa, su olor y el del cuero, junto con el sonido del motor y del viento, eran una sensación nueva, flamante y maravillosamente agradable para mí.
domingo, 21 de abril de 2013
TU-YA.
Me enloqueces.
Sobretodo cuando dices que soy tuya.
Porque aunque no lo sepas, o lo sospeches, es cierto.
En este momento sí lo soy.
Así que...
Cuándo tendré el valor suficiente para decir lo mismo?
Para alejarte a esa arpía diciendo:
Eh, que es mío!
Ojalá supiera cómo hacerlo...
Ojalá tuviera el mismo efecto en tí como el que tienes tú en mí.
Porque dices "Mi Zay" con tanta convicción...
Es cierto que soy tuya?
Tú crees que te pertenezco?
Si es así por qué no te aseguras y me lo propones?
Yo te diré que sí, eso seguro.
Pero es más fácil morderse las uñas y pelear conmigo...
Sobretodo cuando dices que soy tuya.
Porque aunque no lo sepas, o lo sospeches, es cierto.
En este momento sí lo soy.
Así que...
Cuándo tendré el valor suficiente para decir lo mismo?
Para alejarte a esa arpía diciendo:
Eh, que es mío!
Ojalá supiera cómo hacerlo...
Ojalá tuviera el mismo efecto en tí como el que tienes tú en mí.
Porque dices "Mi Zay" con tanta convicción...
Es cierto que soy tuya?
Tú crees que te pertenezco?
Si es así por qué no te aseguras y me lo propones?
Yo te diré que sí, eso seguro.
Pero es más fácil morderse las uñas y pelear conmigo...
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