jueves, 27 de septiembre de 2012

Electricidad.

Electricidad.
No esa energía extraña para los que estudiamos letras puras y que pasa a través de unos cables y etc etc etc.
Yo no hablo de esa electricidad.
Cuando yo digo electricidad son esas pequeñas chispas que saltan cuando estás al lado de una persona.
Y no es que yo sea un cable andante, no.
Son esas chispas, ese hormigueo que te recorre el cuerpo cuando menos de 10 centímetros me separan de una persona.
Ese tirón que sientes cuando vuestras manos están cerca.
Como si fueran dos imanes tratando de unirse.
Es ese cosquilleo cuando hueles su colonia.
Ese rubor cuando te acaricia o te roza.
Esas ganas de sentarte a su lado, querer apoyar la cabeza en su hombro...
Que te pida ayuda o se meta contigo.
Que te haga reír hasta dolerte la barriga.
Que te escriba cosas en los libros, libretas, apuntes para que te acuerdes de él mientras estudies.
Que te deje tweets o mensajes extraños y os paséis toda la noche hablando.
Y así hasta que el imán se une.
Y esa fuerza magnética dura y dura.
Hasta que uno de los dos imanes se debilita.
Y se separa.
Por lo que la electricidad.
En este caso llamada magia.
Se termina.
Se esfuma.
Y otra fuente de energía viene a suplir a la anterior.
Y así sucesivamente.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Don't be afraid.

-Don't be afraid. Take my hand. We can do it.
-Yes, we can do it. But I can't do it. I'm afraid. Very afraid. And a hand can't help me. Can't help us. I'm sorry, but this is the solution for all our problems... But, don't forget this... I really loved you. I really love you.
-This is like "The notebook"
-I told you. I'm like Alli Hamilton.

martes, 28 de agosto de 2012

Y un poquito más.


Me despierta la luz del sol.
Nos hemos dejado las cortinas abiertas.
Son las 9 de la mañana.
Es temprano.
Sólo yo me despierto un domingo temprano.
Me giro y miro a mi derecha.
Aún duermes.
Te acaricio el pelo muy suavemente.
No quiero que te despiertes.
Tienes una expresión muy cálida mientras duermes.
Con mucho cuidado aparto tu brazo de mi cintura.
Hoy es un día muy especial.
Ya llevamos tres años juntos.
Me quito tu camiseta con la que duermo y voy al baño.
Me lavo los dientes y me arreglo un poco mi desastre de pelo.
Y voy al armario.
Y te robo una de tus camisas.
Pero no una cualquiera.
No, esa camisa blanca impoluta que me encanta.
Me la pongo y voy a la cocina.
Hago un desayuno especial mientras que de fondo suena la música.
Suena "Halo" de Beyoncé.
Es vieja, pero a mi me sigue encantando esa canción.
Cuando estoy preparando el café siento como me abrazas.
-Por lo que veo, me sigues robando la ropa.
-Me gusta tu ropa. Es muy cómoda.
-Y a mi me gusta que la lleves. Me encanta. Me gusta tanto como ese vestido rojo largo que tienes. Es más, no sé si preferiré esta camisa.-Me dices a la vez que me acaricias el cuello con la cara.
-Ah, pues entonces voy a ir así vestida a la cena que tenemos con nuestros amigos así vestida.
-Ni se te ocurra,-me dices mientras me das la vuelta y quedamos uno en frente del otro- si vas así vestida, seguramente Juanma se enamorará de ti. Y tú eres solo mía.
-Solo tuya. Y tú solo mío, claro está.
-Para siempre.
-Siempre y un poquito más.

sábado, 25 de agosto de 2012

Mi pianista de dedos prodigiosos.



He encontrado un pianista de dedos prodigiosos.
Con ellos teje grandes notas, que se convierten en grandes canciones.
Grandes canciones que se convierten en grandes historias.
Grandes historias que se convierten en amor.
Nuestro amor.
O esa es la idea, ¿no?
Su música me hechiza.
Me aviva el alma y se apodera de mi corazón.
Las horas no son horas con él, son minutos.
El sueño no importa si estás con él.
Es la última persona a la que le digo buenas noches.
Pero también es la primera a la que le digo buenos días.
Me saca sonrisas estúpidas en cualquier momento.
Los te quiero tienen sentido si él los dice.
La lluvia es más bonita y especial si estás con él.
Con él ves pelis a distancia...
A mucha distancia.
Dos horas, en coche, o eso dicen.
O eso parece.
Pero, él dice que por mi corre esa distancia solo para darme un abrazo.
Y me encanta.
No me canso de escuchar esas cosas tan bonitas maravillosas e indescriptibles que me dice.
Porque esto no se puede describir...
Aunque probablemente él si sabría cómo describirlas.
Sería algo así: Hjknasjhxfmsdfij.
Porque es encantador, dulce, adorable y le quiero con locura.
Porque me encantan sus ojos, su sonrisa, etc.
Porque mi humor cambia a su lado...
Me saca sonrisas estúpidas en cualquier momento.
Me hace reír en medio de la calle y que la gente se me quede mirando...
¿Y qué es lo que ven?
Pues probablemente vean amor en mis ojos.
Un amor tan grande que la distancia no importa.
Tan grande que haría locuras aún más grandes que las que ya hago.
Tan grande que me iba ahora mismo de casa solamente para ir a besarte como si no hubiese un mañana.
Así de grande.
Así de bonito.
Tan bonito como un beso bajo la lluvia.
Un beso bajo la lluvia que vamos a tener.
Los dos.
Él y yo.
Sin importar nada ni nadie más.


martes, 14 de agosto de 2012

Os voy a contar un secreto.

No me gusta escribir cuando estoy enfadada. 
Por qué?
Porque escribo todo lo que se me pasa por la mente.
Todo lo que siento.
No es nada bueno escribir de esa forma.
Pero yo hoy no aguanto más.
Porque odio que hablen sin saber.
Odio que me lleven la contraria en cosas que yo sé más que de sobra.
Odio que me mientan.
Que me utilicen.
Que me utilicen y después lo cuenten a mis espaldas.
Odio que me presionen para que cuente lo que me pasa.
Que interrumpan mi intimidad.
Que no me dejen respirar.
Odio que mis libros no me entren en las estanterías.
Odio que me pongan música indeseada.
No me gusta ver cómo intentan derrumbarte por envidia.
Odio llorar de rabia.
Que me falte la respiración.
Que me despierten de malas maneras.
Odio que el agua del mar se me meta en los ojos.
Odio las mentiras.
Y por encima de todo, odio estar enfadada.
Lo pero de todo es que llevo enfadada demasiado tiempo.
Necesito respirar.

sábado, 4 de agosto de 2012

Windows.

Sabéis esas noches en las que alguien montando follón en la calle te despierta?
Esas noches en las que saltas de la cama enfadado o enfadada con la intención de gritarle al que hace ese ruido y te ha despertado?
Esas noches en las que todos los vecinos salen a la ventana con las mismas intenciones que tu?
Pues no os enfadéis.
Es más, miraos en el espejo antes de asomaros.
 Mirad si estáis bien, mirad que la baba no os cuelgue.
Porque yo me asomé.
Y lo vi.
Y todo se paró.
Mi vecino.
MI VECINO.
 Yo no sabía que tenía vecino.
 Y él no sabía que tenía vecina.
Estaba sin camiseta.
Su cara llena de sombras, ya que la luz de su habitación solo iluminaba su espalda y la luz que le llegaba a la cara venía de la solitaria farola de la calle.
Pelo oscuro, según se podía ver.
Mandíbula cuadrada.
Ojos claros.
Ojos claros que me miraban fijamente.
Que miraban mi coleta deshecha.
Mi camiseta desteñida.
 Y el rubor que corrí hasta mis mejillas.
"Hola, me dijo".
 "Hola" le respondi. "Espera un momento" le dije.
Corrí a cambiarme la camiseta, y mi coleta se convirtió en una trenza. Me aseguré de que todo estaba en orden y que estaba más decente y volví.
"Ya vuelvo a ser humana". "No hacía falta que te cambiaras. Estabas bien".
Y desde aquella me paso varias horas antes de ir a dormir en mi ventana. Hablando contigo. Con una taza de chocolate, o de te, o de café, si hace frío. Con una pizarrita por si hay demasiado ruído y no nos oímos. O por si hace demasiado viento o llueve.
Mi habitación lleva dos meses seguidos recogida y limpia. Con las cortinas abiertas. Si mi madre supiera la razón no estaría tan orgullosa.
Y una tarde que estaba sola en casa él no apareció para hacerme compañía como siempre. No, no sabía su nombre y eso me inquietaba. La curiosidad me mataba.
-Dindong.
Abrí la puerta pensando que era mi hermano, pero allí estaba él.
Me cogí la cara con delicadeza y me besó.
"Will. Me llamo Will".
"Elizzabeth. Pero llámame Beth."

martes, 31 de julio de 2012

¿Quién aguanta más?

Estábamos en la galería. Era tarde. Ethan me acompañaba a casa. Había sido una cita agradable. Paseo desde mi casa al cine. Vimos una película estupenda. O eso creo. No, no es lo que pensáis. No nos estuvimos dando el lote durante toda la película. Todo lo contrario. Ese día nada de besos. NA-DA. Y todo gracias a una apuesta. Ridículo, lo sé, pero tampoco estaba tan mal. Después del cine cenamos pizzas en mi italiano preferido y fuimos a tomar algo mientras jugábamos al billar. Esa cita era parte de la apuesta. Provocaciones por todos lados, a ver quién caía antes. Y yo no tenía intención de caer.
La partida de billar fue interesante. A mi no me importaba ganar (esta vez), pero aproveché mi oportunidad. Leves roces al pasar, tardar un poco más al tirar. Ya sabéis. No tenía pensado perder esa apuesta. Me negaba. Y él lo sabía. Aguantaba muy bien toda esa situación, incluso intentó ponerme celosa con la camarera. Pero a mi no me engañaba. No era su tipo de chica. Tenía varios tatuajes y enseñaba carne de más para su gusto. Cada vez que veía sus intentos de ganar la apuesta se me escapaba una risita. Esto no le pegaba para nada, así que salimos de allí para que yo pudiera ir a casa.
Ya estábamos en la galería. A mi se me había ocurrido una idea desde hacía rato, pero me daba miedo su respuesta. Y algo de vergüenza, la verdad. Esperé hasta ese momento, en el que la galería a medio iluminar podía cubrir mi sonrojo.

-Ethan. - Le susurré.
-¿Qué pasa Mia? ¿Tienes miedo a un poco de oscuridad? Ya estamos llegando a la calle principal, estoy contigo, no tengas miedo.
-Ethan, te equivocas. Estaba pensando que... Bueno... Cierra los ojos.
-¿Que cierre los ojos? ¿Que pasa, no eres capaz de acabar la apuesta? - Me preguntó divertido, pero aún así cerró los ojos.
-Le cojí la cara entre las manos y le aparté el pelo castaño de la frente. Me encantaban esos rizos. Lo llevé suavemente hasta la pared, donde él apoyó la espalda. Le pasé las manos por el pelo y él me pasó los brazos por la cintura. A la vez que jugaba con su pelo me apoyé en su pecho. y poco a poco, empecé a darle besos en el cuello. Se volvía loco cada vez que hacía eso. Fui intercalando esos besos con pequeños mordiscos. Con el primero de ellos jadeó. No se lo esperaba. Fui sabiendo lentamente hasta la mandíbula. Le acaricié la mejilla que no estaba besando y me moví hasta la comisura de boca. Una sonrisa triunfadora iluminó su cara.

-Sabía que no serías capaz, Mia.
-Eso ya lo veremos.- Le dije mientras que apoyaba mi frente en la suya. Mis labios estaban muy cerca de los suyos. - ¿Estás tan seguro, Ethan? - Le pregunté en susurros, con nuestros labios casi rozándose.
Seguí su nariz con la mía, hasta que sus labios me quedaron más cómodos. Cogí su labio superior entre los dientes y tiré suavemente. Ethan dio un respingo y me cogió más fuerte. Recorrí su labio inferior con un dedo y le susurré al oído:

-Creo que aún estamos empatados, cariño.
-Dios mío, Mia, ¿qué voy a hacer contigo? - Preguntó con su cabeza sumergida entre mi cuello y mi pelo.- Eres insoportable. Cállate.

Y así es como el magnífico Ethan me calló a besos, a abrazos y a amor. Los dos habíamos ganado esa apuesta. Pero yo, a parte de ganarme a Ethan y unas entradas para ir con él al concierto de nuestro grupo preferido, gané un castigo por llegar tarde a casa. Y por primera vez, ese castigo me encantó.